martes, 27 de abril de 2010

PLENITUD by VICTOR HUGO




Puesto que apliqué mis labios a tu copa llena aún,y puse entre tus manos mi pálida frente;puesto que alguna vez pude respirar el dulce alientode tu alma, perfume escondido en la sombra.
Puesto que me fue concedido escuchar de tilas palabras en que se derrama el corazón misterioso;ya que he visto llorar, ya que he visto sonreír,tu boca sobre mi boca, tus ojos en mis ojos.Ya que he visto brillar sobre mi cabeza ilusionadaun rayo de tu estrella, ¡ay!, siempre velada.Ya que he visto caer en las ondas de mi vidaun pétalo de rosa arrancado a tus días,
puedo decir ahora a los veloces años:¡Pasad! ¡Seguid pasando! ¡Yo no envejeceré más!Idos todos con todas nuestras flores marchitas,tengo en mi álbum una flor que nadie puede cortar.
vuestras alas, al rozarlo, no podrán derramarel vaso en que ahora bebo y que tengo bien lleno.Mi alma tiene más fuego que vosotros ceniza.Mi corazón tiene más amor que vosotros olvido.

Versión de L. S.







acerca de VICTOR HUGO TEXTO COMPLETO AQUI

Victor Hugo
22 de mayo. La multitud se agolpa en torno al cetro del ex-alcalde de París, par de Francia, vizconde..., hijo de su tiempo y leyenda de un siglo.
El hombre que escribió las Odas, a cuya cabeza le fue puesto precio, hombre cuya casa fue apedreada, tan amable como fogoso, voluptuoso, recargado, risueño, pintor, poeta, novelista, bonapartista, monárquico, socialista, esotérico, clasista, libre y esclavo.
Aquel sueño que hoy conocemos por el nombre de Victor Hugo fue padre de cinco hijos que vio morir, cuatro naturalmente, la última a manos de la locura. Casado, amante, fauno fiel, todo esto fue este sueño que reinó durante todo el siglo XIX, que contempló golpes de Estado, que participó en revueltas, que fue amado y reverenciado, en exceso, nunca como merecía, más de lo deseado... Fue el siglo de Victor Hugo.
Victor Hugo, hijo de un héroe de los tiempos de La Revolución Francesa y de una mujer renana... Tuvo una infancia tranquila, años felices (algunos de ellos transcurrieron en Madrid). Fue criado por su madre y el amante de éste, que luego sería condenado a muerte. Su padre, alejado, viviría con otra mujer (apodada «la generala»): Hecho este de gran trascendencia, ya que el propio Hugo repetiría semejante circunstancia (que mantuvo relaciones con «su» Julieta durante más de treinta años).
Pronto llegaron los premios y la enfermedad que coronaría su vida de laureles y sufrimientos: voluptuosidad. Incurable, intratable, único mal del que el enfermo no espera jamás poder recuperarse. Pronto contrajo matrimonio con la que sería su mujer en la distancia: Adèle Foucher. Años felices, años en los que escribe dramas teatrales como «Hernani», años de lucha política... Muy pronto escribe la que muchos consideramos es su gran novela: «Nuestra Señora de París».
El siglo es audaz y laberíntico, sin freno, y así Victor Hugo corre y escribe.
Poco dura la estabilidad para el enfermo. Los ecos del París, ciudad del amor y de los poetas que comienzan a despuntar... Su reverenciado Chateaubriand (lee muy joven «El genio del Cristianismo») es una influencia definitiva: «Como Chateaubriand o nada», diría en su temprana juventud. Sus tendencias políticas se ven puestas a prueba. Emperadores y nobles le colman de alabanzas, emplea estas influencias para su arte, su verdadera vocación. Como hiciera Beethoven, dedica obras a los «Bonapartes Chicos» de turno. Pronto «Notre Dame de París» se convierte en el primer best-seller de la época... Hugo se pierde en vericuetos políticos y amores de diversa índole. Julieta, la que sería su fiel compañera, ya ha hecho su aparición.
Estallan conflictos, Hugo es nombrado alcalde de París (aunque se mantiene más bien poco en su cargo). Más tarde tiene que refugiarse, huye como exiliado. Dumas apoya, Balzac muere, se ha ganado la admiración y el respeto de Delacroix: Hugo, humanista convencido en los grandes salones de la más rancia aristocracia.
Se refugia en la isla de Jersey, escribe «Los Miserables», más poemas, «La Leyenda de los Siglos», más poemas, mística, esoterismo, cábala... Cada día toma un baño en el mar, escribe de pie, profeta convencido de su mensaje que pretende fundar una nueva religión... Vuelve a París, apedrean su casa, se exilia, regresa... Julieta muere, la vida del anciano de ochenta años llega a su fin. Nos deja el legado de un siglo contemplado por una de las plumas más hábiles del siglo de todas las revoluciones. 22 de mayo.